26 de Mayo, 2007
De un modo tan….¿naif?, lo contaba el flamenco Juan Valderama entre uno y otro disco dedicado:
“Como una blanca azucena, lo mismo que un jazmín va mi niña hacia la iglesia, a la iglesia de San Gil. Ha cumplido siete años y va a recibir a Dios; mi niña toma rezando, su primera comunión. En el quisio de la puerta estamos su madre y yo con lágrimas en los ojos y risa en el corazón. Un coro de serafines hay en el Altar Mayor, que está mi niña tomando su primera comunión. De rodillas es tan bonita y tiene tanto salero, que le da el agua bendita un angelito del cielo. Mi niña ya está en mi casa, llena de gracia de Dios: cómo la mira su madre y cómo la miro yo. Cariño de mi cariño, alegría de su amor, la nieve y el blanco armiño copiaron de tu candor. Para un padre y una madre no hay alegría mayor que ver hacer a sus hijos la primera comunión.”
Hoy casi no consigo diferenciar el aspecto folcklorico/mercantil del evento, del que deberia ser estrictamente un acto religioso. No he sabido nadar contra la corriente.